SEGUNDO LIBRO ESPIRITU DE LAS LEYES DE MONSTESQUIEU

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SEGUNDO LIBRO ESPIRITU DE LAS LEYES DE MONSTESQUIEU

Mensaje  constanza Fraume el Jue Sep 13, 2012 6:22 pm

Libro II - Montesquieu diferencia Tres Tipos de gobierno:

1, República: su naturaleza consiste en que el sujeto del poder es todo el pueblo (democracia) o algunas familias (aristocracia). Para Montesquieu esta es la forma de gobierno ideal para los Estados pequeños.

2, Monarquía: su naturaleza consiste en que el príncipe tiene todo el poder, pero gobierna conforme a las leyes establecidas y con ayuda de poderes intermedios subordinados (nobleza). Esta es, según el la mejor forma de gobierno para los Estados medianos.

3. Despotismo: su naturaleza consiste en que uno solo gobierna a su capricho y conforme a su voluntad, sin ninguna ley ni regla. Para él, el modelo más eficaz para los grandes imperios, lo que supone una gran contradicción pues al mismo tiempo considera este sistema como abominable.

Esta división sirve de base a la teoría política de Montesquieu, aunque para algunos críticos, tiene algunos fallos. En primer lugar, es obvio que Montesquieu se encierra demasiado en esta división y casi toda la obra va girando en torno a estos tres sistemas de gobierno, lo que en su opinión le lo que puede llegar a ser perjudicial. En segundo lugar, democracia y aristocracia son esencialmente diferentes para encuadrarlas dentro de un mismo título y él mismo se ve forzado muchas veces a diferenciarlos. En tercer lugar, porque en cierto modo y salvando las distancias, todos los sistemas tienen, en algún punto, características en común. La palabra republicano comprende multitud de gobiernos: desde una democracia pacífica, una aristocracia, una oligarquía,...La monarquía significa, propiamente dicha, un gobierno en el que el poder ejecutivo reside en manos de una sola persona, y eso es lo que ocurre exactamente en el despotismo. Y el despotismo significa abuso, que puede hallarse, más o menos, en todos los gobiernos, pues todas las instituciones humanas son imperfectas.

Destut de Tracy, uno de los crítico más connotados de Monstesquiu, propone reducir la división de las formas de gobierno a dos:

• Nacionales: en los que todos los derechos y poderes pertenecen a la nación, residen en él.

• b) Especiales o de excepción: gobiernos, cualesquiera que sea, en que se reconocen otras fuentes legítimas de derechos y de poderes (autoridad divina, conquistador, golpe de estado) que la voluntad general.

Cuál es la naturaleza del régimen monárquico? No es otra que la existencia de poderes intermedios y dependientes, aptos para funcionar como órganos de mediación entre el rey, que gobierna sujetándose a leyes, y los súbditos. Montesquieu enfatiza la relevancia de los poderes intermedios: “He dicho poderes intermediarios, subordinados y dependientes: en efecto, en la monarquía, el príncipe es la fuente de todo poder político y civil; las leyes fundamentales suponen forzosamente canales intermedios por los cuales corre todo el poder del príncipe. Si no hubiera en el Estado más que la voluntad momentánea y caprichosa de uno solo, no habría nada estable, nada fijo, y por consiguiente no existiría ninguna ley fundamental”.

En este trascendente párrafo Montesquieu distingue entre el gobierno de uno solo sujeto al imperio de la ley y el gobierno de uno solo no sujeto a ley alguna. En el primer caso estamos en presencia de una monarquía constitucional, legítima, donde el rey no gobierna a su antojo sino que encuadra su comportamiento dentro de lo estipulado normativamente. En el segundo caso el rey es el dueño de las tierras, las viviendas y los súbditos, ejerciendo el poder según su voluntad. En este régimen todo está sujeto al capricho del déspota y nadie es capaz de cuestionarlo.

En la monarquía la nobleza constituye el poder intermedio por excelencia. Su existencia hace a la esencia del régimen cuya máxima fundamental es la siguiente: “Sin monarca no hay nobleza, como sin nobleza no hay monarca”. Pero habrá, sentencia Montesquieu, un déspota. El despotismo no es más que un régimen monárquico sin la presencia del poder intermedio encargado de amortiguarlo. En algunos Estados europeos muchos estaban a favor de la abolición de las prerrogativas señoriales. Craso error, dice Montesquieu. “Abolid en una monarquía los privilegios de los señores, del clero, de la nobleza y de las ciudades, y tendréis muy pronto un Estado popular o un Estado despótico”. La monarquía carente de un poder intermedio conduce o a la democracia autoritaria o al despotismo de uno solo.

En opinión de Montesquieu el poder del clero es muy importante para la monarquía. A diferencia de la república, donde ese poder es peligroso, en la monarquía resulta conveniente, especialmente en aquélla que corre el riesgo de desembocar en un despotismo. Sin el poder de la iglesia, España y Portugal hoy (la época de Montesquieu) serían, a raíz de la pérdida de sus fueros, despotismos. La iglesia es una eficaz barrera para impedir que la monarquía degenere en despotismo, sobre todo si no hay otra barrera más eficaz. Pese a sus defectos es preferible la presencia de la iglesia como dique de contención del despotismo, el peor de los males políticos que puede sufrir el hombre.

Montesquieu destaca la decisión de los ingleses de haber suprimido los poderes intermedios que eran miembros de la monarquía. Y agrega: “Han hecho bien en conservar su libertad, porque si llegaran a perderla serían uno de los pueblos más esclavizados” . Al pie de la página 13 se lee una nota de Voltaire donde expone un argumento contrario: “Todo lo contrario: los ingleses han legalizado y fortalecido el poder de los señores espirituales y temporales, y han aumentado el de los municipios”
La existencia de poderes intermedios no garantiza por sí sola la vigencia de la monarquía. Es fundamental que haya “un depósito de leyes”. “Este depósito no puede estar más que en los cuerpos políticos, en esas corporaciones que anuncian las leyes cuando se las hace y las recuerdan cuando se las olvida” Montesquieu alude, obviamente, al Parlamento como órgano legislativo independiente del monarca. Es por ello que dice más adelante: “El consejo del príncipe no es un buen depositario, pues más se cuida de ejecutar la momentánea voluntad del príncipe que de cumplir las leyes fundamentales. Por otra parte, el consejo del monarca se renueva sin cesar, no es permanente; no puede ser numeroso; no tiene casi nunca la confianza ni aún la simpatía del pueblo, por lo cual no puede ni ilustrarlo en circunstancias difíciles ni volverlo a la obediencia” .

El despotismo merece la repulsa de Montesquieu. En los Estados despóticos sólo rige la voluntad del rey. Las leyes fundamentales y los depósitos de leyes brillan por su ausencia. La religión florece e influye con toda su fuerza. Y si no hay religión, su lugar es ocupado por las costumbres. El despotismo implica ausencia absoluta de leyes capaces de impedir el ejercicio abusivo e incontrolado del poder.

“Resulta de la naturaleza misma del poder despótico”, reza Montesquieu, “y se comprende bien, que estando en uno solo encargue a uno solo de ejercerlo. Un hombre a quien sus cinco sentidos le dicen continuamente que él lo es todo y los otros no son nada, es naturalmente perezoso, ignorante libertino. Abandona, pues, o descuida las obligaciones. Pero si el déspota se confía, no a un hombre, sino a varios, surgirán disputas entre ellos; intrigará cada uno por ser el primer esclavo y acabará el príncipe por encargarse él mismo de la administración” . El déspota considera más sencillo y práctico entregar el mando a un visir, tal como lo hacen los reyes orientales.

He aquí la ley fundamental del Estado despótico: la existencia de un visir.
Finalmente, Montesquieu elabora las siguientes proposiciones en relación con el despotismo, la extensión del territorio y las dificultades que acarrea el mando omnímodo sobre muchos pueblos sojuzgados: “Cuánto más extenso sea el imperio, más grande será también el serrallo, y más, por consiguiente, se embriagará el príncipe en los placeres y la degradación. Asimismo en los Estados, cuántos más pueblos tenga que gobernar el príncipe, menos se acordará del gobierno; cuanto mayores sean las dificultades, menos se pensará en vencerlas. A más obligaciones, menos cuidados” .[/justify]

afro Muy bien. Gracias por tu interés en el tema. Enrique

constanza Fraume

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